Elegía a Bécquer

Me fallaste, Gustavo.
Dieciocho años esperando,
girasol en mano,
sentada en el mismo escalón mugriento.
Tú llegarías al amanecer,
(eso decías en el fax)
ebrio de alcohol y de poesía
y hoy, justo hoy, me entero,
de que llevas años entre gusanos.
¿Cómo has podido?
Siglos saboreando tus rimas,
memorizándolas, rimas azules,
creyendo que un día llegarías,
y juntos tocaríamos la flauta.
No creas que seguiré esperándote
por muy buen poeta que seas,
que ya estoy harta de mentiras.
Primero, besos prosaicos,
depués, abrazos poéticos,
y por último, cuando ya estamos enamoradas,
la excusa de la muerte prematura.
No, Gustavo, ya no te creo,
ya no quedan baldosas amarillas.