No, no pienso volver a tener jaqueca por tu culpa.

Más que nada, porque la jaqueca me molesta, y tú no te mereces ser el culpable de mis dolores de cabeza.
A partir de hoy voy a volver a soñar con otros.
Con los que existen y con los que me invento.
Un montón de seres humanos maravillosos que aparecen en mi habitación cuando, cada noche (que si no ocurre no puedo dormir), imagino que estoy en un lugar diferente, y tengo conversaciones dignas del mejor guión cinematográfico.
Porque un día, uno de ellos sí estará conmigo a la una de la madrugada en la plaza de Oriente, y cada una de nuestras palabras será la perfectamente escogida por mí en alguno de mis sueños nocturnos en los que estoy absolutamente despierta.