Barcelona

Estuve el fin de semana pasado en Barcelona.
¿Quién me dijo que es una ciudad sucia?
Es tan sucia como puede ser Madrid. Sucia por zonas. Porque la pelusa se acumula en las esquinas, o en su defecto, en las calles pequeñitas, donde, por ejemplo en Barcelona, no llega el aire del mar, que arrastre la mierda.
Me enamoré perdidamente de Barna.
Es una ciudad con humo, cuidad de fumadores, de pájaros verdes, loros en plazas, motos (muchas motos), bicicletas, ingleses, puestos de flores en avenidas grandes y mercados de fruta escondidos entre edificios impresionantes, unos pegados a otros, dándose calor, queríendose aun siendo de diferentes épocas.
Porque en Barcelona puedes encontrarte el edificio más moderno que te imagines, al lado de otro, lleno de balcones impresionantes del año de nadie sabe quién.
Además, de vez en cuando, doblas un esquina, y te encuentras uno, abandonado, que se siente un extraño, fruto de un loco que vivió adelantándose a su época. (A veces creo que sus padres se equivocaron, aunque si hubiera nacido ahora, quizá no le hubiéramos valorado tanto, teniendo en cuenta que hay más gente que va a Barcelona a ver el Camp Nou que la Casa Batlló)
Barcelona huele a Vitoria, y recuerda levemente a Logroño y a París (aunque nunca haya estado allí).
Algunas de sus calles han decidido nacionalizarse madrileñas, y otras, simplemente son catalanas.
Tiene una catedral sin terminar y un ejército de callejuelas pequeñitas, todas cuadriculadas, gobernadas por calles grandes, y una inconformista que las cruza a todas en diagonal.
Barcelona es bohemia, pero tiene un parque similiar a la Fábrica de Chocolate de Willy Wonka.
Barcelona me hizo el amor, y tuve un orgasmo tan tremendo que quise quedarme allí, pero no me dejaron.
Aún recuerdo su olor a naranjas, a mar, y a flores marchitas en el barrio gótico.

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Michael…oh Michael

Escuchando a Michael Bublé, después de haber estado viendo vídeos de Fred Astaire.

(…it’s you, it’s you, you make me sing…)

Hoy mi perro ha bailado conmigo una de “Siete novias para siete hermanos”, pero no se le da muy bien.

(…Oh what a world, what a life, cause i’m in love…)

Dice mi madre que me ponga a recoger.

(…You’re always in my mind…)

Tengo ganas de salir, de pasear sin destino. Sin horario. Sin nada. Por Madrid. El viernes. Pero mis cuatro fantásticos no estarán.

(…I’ve been a puppet, a pauper, a pirate,a pawn and a king…)

¿Y qué?

No soy culta, no soy guapa, no hablo bien, no tengo autoestima, no soy graciosa, no soy sexy, no sé bailar, ni cantar, no tengo un cuerpo bonito, ni una sonrisa perfecta.

No tengo un estilo definido, y soy una borde.
No sé besar, ni abrazar, ni darte placer.
Tampoco sé sobre cine, ni sobre música, ni sobre arte.

Pero soy encantadora y sé que te encantaría tenerme entre los brazos.

Mañanas de Domingo

¿Por qué la gente se empeña en discutir los domingos por la mañana en la panadería?
Si yo sólo quería un donut…
Y tengo que andar esperando 3000 años a que un señor imbécil impotente discuta con una señora imbécil frígida sobre quién de los dos va antes en la cola.
He estado por presentarles y darles un condón, a ver si así arreglan sus problemas sexuales dejando a los demás que se compren su bollo matinal de los domingos.
Porque después de una mañanita dominguera por el Rastro mirando puestitos, riéndome de la gente, cantando en alto para que piensen lo que quieran, y sonriendo a los chicos que no piensan que por ello estoy loca, lo mejor del mundo es ir a la mejor pastelería de Sol, y comprarse un donuts, o una palmera, o una ensaimada…
Lo que sea.
Y largarse a la Fnac. Donde un montón de idiotas se hacen los interesantes hablándoles de Truffaut a sus novias/parejas/rollos/amantes/esposas/etc para quedar bien, sin tener ni puta idea. Donde puedes encontrarte a algún famoso de turno, emocionándose mientras escucha la banda sonora de una película de Woody Allen. Donde puedes encontrar en qué gastarte los 10 euros que llevas en el bolsillo.
Donde me evado, las mañanas de domingo.